Por Paty Zorrilla, residente de Lomas
El regreso a clases no solo reorganiza mochilas, horarios y pendientes; también cambia el ritmo de toda la familia. Después de las vacaciones, volver a levantarse temprano, preparar lunches y retomar responsabilidades puede costarles tanto a los papás como a los hijos.
Las vacaciones suelen ser una pausa para todos: cambian los horarios, aparecen planes distintos y dejamos espacio para sobremesas largas o tardes sin prisa. Por eso, cuando vuelve a sonar el despertador y el tráfico recupera su ritmo, es natural sentir que la rutina exige un nuevo ajuste.
Retomarla no tiene que ser un golpe. Una primera recomendación es hacerlo poco a poco: adelantar o atrasar horarios según sea necesario, recuperar el ejercicio y volver a una alimentación más ordenada puede hacer una gran diferencia.
También puede ser un buen momento para preguntarnos qué queremos aprender, recuperar o incorporar en nuestra propia vida. Así como nuestros hijos inician un nuevo ciclo, nosotros podemos reconocer que los nuevos comienzos no son solo para ellos.
Y hay algo importante: la rutina no tendría que convertirse en una vida de la que queremos escapar. Volver a las responsabilidades no significa renunciar al descanso, al ocio o a la diversión. Podemos hacernos espacio durante el año para lo que necesitamos y disfrutamos.
Cuando los hijos regresan a clases, la familia recupera tiempos y estructuras que también pueden servirnos para retomar un proyecto, hacer ejercicio, estudiar algo nuevo, reencontrarnos con amigos o reservar un momento para nosotros mismos.
Septiembre puede sentirse como una segunda vuelta al año. Mientras los niños estrenan cuadernos y aprendizajes, los adultos también podemos estrenar metas, hábitos e ilusiones. No son los únicos que están creciendo: nosotros también.